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Desolación en Berlín: Más de 2.000 familias quedan en la calle tras masivo desalojo.

El sector Berlín, en Montería, vivió una de las jornadas más dolorosas de los últimos años. En la mañana de este lunes 26 de enero, un operativo de desalojo ejecutado por la Policía Nacional y autoridades de la Alcaldía Municipal dejó, según los habitantes, a más de 2.000 familias literalmente en la calle. Lo que durante años fue hogar, esfuerzo y esperanza, terminó reducido a escombros en cuestión de horas.

Desde tempranas horas, escenas de llanto, angustia e indignación marcaron el panorama. Madres intentando proteger a sus hijos, adultos mayores sentados entre restos de madera y zinc, y familias enteras tratando de rescatar colchones, ropa o utensilios, evidenciaron la magnitud del drama humano. Para muchos, esas viviendas representaban el único patrimonio construido con sacrificio diario.

Hoy Berlín es un paisaje desolador: casas destruidas, enseres regados entre el barro y personas sin saber a dónde ir. Los afectados aseguran que nunca se les ofreció una alternativa clara antes del desalojo, ni reubicación, ni un plan de atención humanitaria. Denuncian que fueron tratados como invasores, cuando su único anhelo era acceder a una vivienda digna.

La inconformidad creció al conocerse que la orden fue ejecutada bajo la administración del alcalde Hugo Kerguelén, a quien los habitantes señalan por una decisión que califican como insensible y carente de humanidad. Para las familias desalojadas, esta acción refleja una desconexión profunda entre el gobierno local y las realidades sociales de los sectores más vulnerables.

Ante la falta de respuesta institucional, la solidaridad ciudadana se hizo presente. Vecinos, líderes sociales y organizaciones comunitarias llegaron con alimentos, agua, cobijas y palabras de apoyo, intentando aliviar, aunque sea parcialmente, la tragedia. Sin embargo, advierten que la ayuda espontánea no reemplaza la responsabilidad del Estado.

El llamado es urgente a las entidades defensoras de derechos humanos y a los organismos de control para que intervengan y garanticen la protección de niños, adultos mayores y personas en condición de enfermedad, quienes hoy permanecen a la intemperie.

Mientras las autoridades guardan silencio, en Berlín la incertidumbre sigue creciendo. Las familias solo cuentan con la solidaridad de su gente, esperando que su clamor no quede sepultado, como sus casas, bajo los escombros del olvido.

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