En un nuevo episodio de la compleja relación diplomática entre Caracas y Washington, el presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, ha lanzado un llamado público al diálogo con el Gobierno de los Estados Unidos. No obstante, el mandatario fue enfático al condicionar cualquier acercamiento a una base de “respeto mutuo”, al tiempo que lanzó duras críticas contra la oposición venezolana y las recientes operaciones militares estadounidenses en la región.
Durante una intervención televisada, Maduro aseguró que Venezuela está dispuesta a superar proyectos políticos que calificó como “fracasados” tras más de 25 años de tensiones. El líder chavista manifestó que, si en la administración estadounidense surge la voluntad de conversar bajo principios de igualdad, él siempre estará dispuesto a “extender la mano” para buscar caminos de paz, cooperación y prosperidad. Sin embargo, este tono conciliador contrastó rápidamente con sus denuncias sobre las verdaderas intenciones detrás de la presión internacional.
La pugna por los recursos naturales
El presidente venezolano aseveró que ciertos “sectores del poder” en Estados Unidos están fabricando una “realidad virtual” sobre la crisis en su país. Según Maduro, el objetivo de esta narrativa es imponer un “modelo de dominación colonial y esclavista” cuyo fin último sería el control de los recursos naturales de la nación caribeña. “Lo que de verdad quieren es el petróleo, el oro y las tierras raras”, sentenció, argumentando que las acusaciones actuales contra su administración son “mentiras permanentes” que reemplazan las antiguas retóricas sobre armas de destrucción masiva.
Esta retórica surge en un contexto de alta fricción militar. Recientemente, la operación estadounidense denominada ‘Lanza del Sur’, orientada supuestamente a combatir el narcotráfico proveniente de Venezuela, ha resultado en la destrucción de embarcaciones y la muerte de más de un centenar de personas. Para Caracas, estas maniobras, sumadas a la interceptación de buques petroleros en las últimas semanas, no son acciones de justicia, sino tácticas para forzar un cambio de régimen y despojar al país de sus riquezas.
El portazo a la oposición
A pesar de su llamado al diálogo externo, Maduro cerró filas frente a la disidencia interna. Se refirió directamente a figuras como la ganadora del premio Nobel de la Paz, María Corina Machado, y a otros líderes en el exilio como Leopoldo López, Julio Borges y Juan Guaidó, asegurando que “jamás” tomarán el poder en la patria bolivariana. El mandatario insistió en que el país seguirá su curso bajo el actual liderazgo y con un pueblo “asentado en el territorio” que impedirá cualquier intento de intervención.
El escenario para 2026 se perfila así como un tablero de alta tensión geopolítica. Mientras Maduro intenta proyectar una imagen de apertura diplomática hacia la Casa Blanca para aliviar la presión económica, mantiene un puño de hierro frente a la oposición nacional, dejando claro que, para el chavismo, la soberanía sobre el subsuelo venezolano no es negociable frente a lo que consideran una ofensiva del gobierno de Donald Trump.





