El presidente de Colombia, Gustavo Petro, viajará a Washington durante la primera semana de febrero de 2026 para reunirse con el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, en un encuentro que marca un punto de inflexión en la relación entre ambos gobiernos. La visita se concretó tras una llamada telefónica reciente que permitió reducir las tensiones diplomáticas que se habían intensificado en los últimos meses, especialmente por diferencias en temas de seguridad y lucha contra el narcotráfico.
La reunión en la Casa Blanca será observada con lupa tanto en Colombia como en el escenario internacional, ya que llega en un momento de alta sensibilidad regional. Estados Unidos sigue siendo el principal aliado estratégico de Colombia en materia de cooperación militar, antidrogas y económica, mientras que el gobierno Petro ha insistido en replantear el enfoque tradicional de la guerra contra las drogas, apostando por una visión más social y menos represiva.
Uno de los ejes centrales del encuentro será precisamente la lucha contra el narcotráfico. Trump ha sido enfático en exigir resultados concretos en reducción de cultivos ilícitos y control del tráfico de cocaína hacia territorio estadounidense, mientras que Petro ha defendido la necesidad de atacar las causas estructurales del problema, como la pobreza rural, la falta de oportunidades y el abandono estatal en regiones históricamente golpeadas por la violencia.
Fuentes cercanas al gobierno colombiano señalan que Petro buscará exponer su propuesta de cooperación basada en desarrollo alternativo, transición energética y fortalecimiento institucional, argumentando que el narcotráfico no se resolverá únicamente con fumigaciones o acciones militares. Por su parte, Trump confirmó que espera que la reunión sea “beneficiosa” y que permita avanzar en una coordinación más efectiva de las políticas de seguridad entre ambos países.
Más allá del narcotráfico, el encuentro también podría abordar asuntos como migración, comercio, inversión extranjera y cambio climático, aunque hasta el momento no se ha revelado una agenda oficial detallada. Analistas consideran que la visita será una prueba de fuego para Petro, quien deberá equilibrar su discurso soberanista con la necesidad de mantener una relación sólida con Washington, clave para la estabilidad económica y política del país.
En Colombia, el anuncio ha generado reacciones divididas. Mientras algunos sectores ven la reunión como una oportunidad para recomponer relaciones y evitar sanciones o presiones externas, otros advierten que el encuentro podría implicar concesiones incómodas para el gobierno colombiano. En cualquier caso, el diálogo directo entre ambos mandatarios es interpretado como un paso necesario para evitar una escalada de tensiones que podría afectar a ambos países.
La visita de Petro a la Casa Blanca no solo tendrá impacto bilateral, sino que también enviará un mensaje a América Latina sobre el rumbo de la política exterior colombiana en un contexto regional marcado por cambios, conflictos y redefiniciones de poder. Febrero será, sin duda, un mes clave para medir el alcance real de este acercamiento diplomático.





