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De vocero de paz a amenaza presidencial: El giro radical de alias ‘El Bendito

Un video difundido en redes sociales volvió a encender las alarmas sobre la seguridad del presidente Gustavo Petro y, al mismo tiempo, dejó al descubierto una nueva y preocupante faceta del conflicto armado en Colombia: la guerra también se libra en Facebook. El protagonista es un joven armado que se hace llamar “El Bendito Menor”, quien en un mensaje directo, desafiante y explícito lanzó amenazas contra el jefe de Estado si el Gobierno continúa ofreciendo recompensa por su captura.

Detrás del alias se esconde Naín Pérez, de apenas 26 años, señalado como uno de los mandos militares de las Autodefensas Conquistadoras de la Sierra Nevada (ACSN), una estructura armada heredera del paramilitarismo que mantiene control territorial y social en amplias zonas de la Sierra Nevada y la Costa Caribe. Su aparición pública no es casual ni espontánea: responde a una secuencia de hechos que revelan tanto el crecimiento del grupo como las grietas del proyecto de paz total.

El video, grabado con estética de ostentación armada, muestra a “El Bendito Menor” rodeado de hombres con fusiles, lanzando insultos y advertencias. Allí cuestiona que el Estado ofrezca una recompensa por su captura y condiciona su accionar violento a lo que él considera abusos de la Fuerza Pública. El mensaje no solo amenaza al presidente, sino que busca enviar una señal de poder, control y desafío directo al Estado.

Para analistas del conflicto, como el investigador Luis Fernando Trejos, el caso de Naín Pérez representa una nueva generación de jefes armados. “Es un mando militar muy joven, con una exposición mediática distinta, que usa redes sociales como vitrina de poder, similar a lo que hacen algunos narcotraficantes”, explica. No se trata solo de intimidar, sino de construir una audiencia, una comunidad digital que normaliza y amplifica la violencia.

El trasfondo inmediato de la amenaza está ligado a la masacre de Maicao, ocurrida en enero. Videos difundidos en redes muestran a hombres armados recorriendo las calles de ese municipio guajiro, disparando desde vehículos contra civiles que se encontraban en una tienda. El saldo fue de cinco personas muertas y dos heridas. Las autoridades atribuyeron el ataque a las ACSN y señalaron directamente al “Bendito Menor” como responsable.

Tras ese hecho, el Gobierno anunció una recompensa de 500 millones de pesos por información que conduzca a su captura. Para los investigadores, ese anuncio explica el momento y el tono de la amenaza contra Petro: es una reacción directa a la presión estatal y al cerco judicial que se ha ido cerrando sobre el joven comandante.

Pero el fenómeno va más allá de un solo crimen. En el último año, las Autodefensas Conquistadoras de la Sierra Nevada han mostrado una expansión territorial preocupante. Pasaron de operar principalmente en su zona histórica de influencia a aparecer en el sur del Cesar, Ocaña en Norte de Santander y varios municipios de La Guajira. Este avance los ha puesto en confrontación directa con otras estructuras armadas, como el Clan del Golfo, intensificando la disputa por corredores estratégicos.

Paradójicamente, este crecimiento ocurrió en medio del discurso gubernamental de paz total. Aunque el Ejecutivo anunció la intención de abrir un diálogo sociojurídico con las ACSN, el proceso nunca se concretó. “Hubo anuncios, resoluciones y reuniones, pero nada sólido”, señala Trejos. Ese vacío dejó a la organización en una especie de limbo: sin negociación real, pero tampoco con una ofensiva contundente que frenara su avance.

A esto se suma un elemento personal que habría influido en la radicalización del “Bendito Menor”. En una operación pasada, su pareja sentimental fue capturada y hoy permanece prófuga. Desde entonces, su exposición en redes se intensificó. “Si uno revisa sus perfiles, tiene seguidores, comentarios, apoyo. Hay una comunidad que legitima su figura”, advierte el investigador.

El caso plantea una pregunta inquietante: ¿qué significa que un grupo armado amenace al presidente desde redes sociales, sin intermediarios, sin comunicados clandestinos? Para expertos en seguridad, es una señal de confianza en su capacidad de intimidación y de una peligrosa normalización del lenguaje armado en el espacio digital.

Más allá de la figura de Petro, el mensaje apunta al Estado mismo. Es un desafío que combina violencia, propaganda y redes sociales, y que evidencia los límites de una estrategia de paz que no logra contener a todos los actores armados. Mientras tanto, el “Bendito Menor” sigue prófugo, convertido en un influencer del miedo, y las ACSN continúan consolidando su presencia en territorios donde la institucionalidad sigue siendo frágil.

El episodio deja una advertencia clara: cuando las armas encuentran eco en las redes, el conflicto se vuelve más visible, más inmediato y más difícil de contener.

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