La presidenta encargada de Venezuela, Delcy Rodríguez, presentó este jueves ante el parlamento un ambicioso proyecto de reforma legal que propone cambios significativos en la industria petrolera venezolana, un movimiento que llega en un contexto de fuerte presión internacional y tensión con Estados Unidos tras la captura del expresidente Nicolás Maduro.
Rodríguez, quien asumió la jefatura del Estado tras la ausencia forzosa de Maduro tras su detención por fuerzas estadounidenses el pasado 3 de enero, hizo énfasis en la necesidad de atraer inversiones extranjeras para revitalizar un sector clave de la economía nacional. Su propuesta busca reformar la Ley Orgánica de Hidrocarburos, permitiendo incorporar herramientas legales de la llamada “ley antibloqueo” para facilitar la entrada de capitales a campos petroleros donde no ha habido inversión o infraestructura, algo que hasta ahora estaba limitado por la normativa vigente.
El objetivo declarado de estas reformas es abrir el sector a flujos de inversión internacional y recuperar la producción petrolera, que ha fluctuado en años recientes debido a sanciones, desinversiones y dificultades operativas. Al mismo tiempo, Rodríguez propuso la creación de fondos soberanos que canalicen ingresos petroleros hacia mejoras sociales, como salarios, salud, educación y servicios públicos esenciales.
La reforma también se presenta en medio de movimientos diplomáticos y económicos entre Caracas y Washington. El gobierno de Estados Unidos ha expresado interés en la industria petrolera venezolana, con reuniones entre altos funcionarios estadounidenses y ejecutivos de compañías de energía para explorar posibles inversiones y recuperar la producción tras años de declive.
No obstante, la relación entre Venezuela y Estados Unidos continúa marcada por tensiones profundas. Rodríguez ha denunciado lo que considera un “bloqueo naval” y un esfuerzo estadounidense por cercar las posibilidades de exportación petrolera de Venezuela, afirmando que estas acciones limitan la capacidad del país de comercializar su crudo en mercados libres.
En su discurso, Rodríguez también hizo un llamado a mantener relaciones diplomáticas basadas en el respeto y la soberanía nacional, rechazando lo que describió como agresiones que han “cruzado la línea roja” en relación con la captura de Maduro y su esposa, Cilia Flores. A pesar de las acusaciones, la mandataria encargada ha defendido la necesidad de avanzar en cooperación energética y económica con diversos países, incluido Estados Unidos, siempre desde una posición de dignidad nacional.
Los analistas señalan que la reforma petrolera propuesta puede ser un punto de inflexión para la economía venezolana, que históricamente ha dependido del petróleo como su principal fuente de ingresos pero que ha visto una caída significativa en la producción y exportación en los últimos años. Si se aprueba, las modificaciones legales podrían facilitar la entrada de capitales extranjeros y modernizar un sector que ha estado rezagado, aunque también plantea desafíos en términos de soberanía, control estatal y gestión de recursos.
La propuesta de Delcy Rodríguez se desarrolla en un escenario donde el petróleo venezolano también se ha convertido en un elemento central del interés geopolítico estadounidense, que ya ha promovido medidas para controlar parcialmente la comercialización del crudo del país suramericano desde la captura de Maduro. Esto plantea interrogantes sobre el equilibrio entre la necesidad de atraer inversión y la protección de los intereses nacionales ante la presencia e influencia estadounidense.
Mientras tanto, desde Caracas se espera el debate legislativo sobre la reforma, con voces tanto a favor como en contra dentro del espectro político venezolano. La población observa con atención, pues las decisiones que se tomen en este sector estratégico tendrán un impacto directo en la economía, la producción energética y el futuro desarrollo del país en un momento de gran incertidumbre política y económica.





