Inicio / POLITICA / Lluvia de críticas a Petro tras amenazar con retomar las armas contra Trump.

Lluvia de críticas a Petro tras amenazar con retomar las armas contra Trump.

Colombia volvió a entrar en un terreno movedizo donde la política, la historia del conflicto armado y la diplomacia internacional se cruzan de manera peligrosa. Esta vez, el detonante no fue una acción militar ni una decisión económica, sino una frase. O, mejor dicho, varias frases. El presidente Gustavo Petro quedó en el centro de una fuerte controversia tras afirmar que podría volver a “tomar las armas” si la patria lo exigiera, en medio de la escalada verbal con el expresidente de Estados Unidos, Donald Trump.

Las palabras del jefe de Estado colombiano llegaron como una bomba en un país que aún carga las cicatrices de más de medio siglo de guerra interna. Petro, exintegrante del M-19 y firmante del acuerdo de paz de 1989, recordó su pasado insurgente para responder a los ataques de Trump, quien lo acusó nuevamente de vínculos con el narcotráfico, lo calificó de “enfermo” y dejó entrever que su permanencia en la Presidencia no sería duradera.

“Aunque no he sido militar, sé de la guerra y la clandestinidad. Juré no tocar un arma más desde el Pacto de paz de 1989, pero por la Patria tomaré de nuevo las armas que no quiero”, escribió Petro en su cuenta de X. Para algunos, fue una frase cargada de simbolismo; para otros, una línea roja que jamás debió cruzar un presidente en ejercicio.

La reacción no se hizo esperar. Sectores políticos de distintas orillas coincidieron en algo poco habitual: el mensaje fue un error grave. María Fernanda Cabal, una de las voces más críticas del petrismo, fue directa y sin rodeos. “Petro le debe explicar al país con claridad sus peligrosos delirios. Aquí no hay que tomarse nada. Hay que respetar la Constitución y la Ley”, escribió, vinculando el mensaje del presidente con lo que considera el fracaso de la política de Paz Total y una supuesta cesión del control territorial a grupos armados ilegales.

Para Cabal y otros líderes de oposición, el problema no es solo el contenido del mensaje, sino el precedente que sienta. En un país donde miles de jóvenes han sido reclutados por la violencia y donde aún hay regiones dominadas por actores armados, que el presidente hable de armas resulta, como mínimo, irresponsable. “Un jefe de Estado no puede jugar con ese lenguaje”, repiten sus críticos.

Desde otro espectro político, Juan Manuel Galán también alzó la voz. Su mensaje fue menos incendiario, pero igual de contundente. “Un jefe de Estado no habla como combatiente, habla como garante de la Constitución. Las palabras importan. Y en Colombia, más que en cualquier otro país, incendian o protegen”, afirmó. Galán recordó que Petro llegó al poder por el voto popular y que, de la misma manera, deberá entregar el mando cuando termine su periodo.

El trasfondo del debate va más allá de un cruce de trinos. Lo que está en juego es el rol simbólico y real de la Presidencia en un país que ha intentado, con enormes dificultades, dejar atrás la lógica de la guerra. Para muchos analistas, que el presidente evoque la posibilidad de volver a las armas revive fantasmas que Colombia no ha logrado exorcizar del todo.

A esto se suma el delicado momento de las relaciones con Estados Unidos. La retórica agresiva de Trump, sumada a la respuesta de Petro, eleva el tono de una tensión diplomática que podría tener consecuencias económicas, políticas y de seguridad. Colombia, históricamente aliada de Washington, enfrenta ahora un escenario de incertidumbre en el que las palabras pesan tanto como las decisiones.

Los defensores de Petro argumentan que sus declaraciones deben leerse en un contexto simbólico, como una defensa de la soberanía nacional ante amenazas externas. Sostienen que no se trata de un llamado real a la violencia, sino de una expresión política frente a lo que consideran una intromisión indebida. Sin embargo, incluso algunos aliados reconocen que el mensaje fue, como mínimo, desafortunado.

En Colombia, la historia ha demostrado que el lenguaje no es un asunto menor. Discursos incendiarios han precedido tragedias, masacres y ciclos interminables de violencia. Por eso, el debate actual no es solo sobre Petro o Trump, sino sobre los límites del poder, la responsabilidad del liderazgo y la fragilidad de la paz.

La pregunta que queda en el aire es si este episodio servirá como un punto de reflexión o si será otro capítulo en la creciente polarización del país. Mientras tanto, la sociedad observa con preocupación cómo el tono del debate político se endurece, justo cuando el país necesita mesura, diálogo y claridad.

En un contexto regional convulsionado y con un mundo cada vez más inestable, Colombia enfrenta un reto mayúsculo: evitar que las palabras se conviertan en gasolina para un fuego que aún no se ha apagado del todo. Porque, como recordó Galán, las armas no dan justicia, y cuando la política se expresa en términos de guerra, quienes siempre terminan perdiendo son los ciudadanos.

Etiquetado:

Deje un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *