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“Narcoterrorismo y armas de guerra”: La acusación formal que pone fin a la era Maduro.

La captura de Nicolás Maduro y su esposa, Cilia Flores, marca un punto de quiebre sin precedentes en la ya tensa relación entre Venezuela y Estados Unidos. Más allá del impacto político y diplomático, el caso abre un escenario judicial de enormes proporciones que ahora se traslada a los tribunales federales de Nueva York, donde ambos deberán responder por graves acusaciones relacionadas con narcoterrorismo y tráfico internacional de drogas.

Según lo anunciado por el gobierno estadounidense, la operación militar denominada “Determinación absoluta” permitió la detención del mandatario venezolano y de la primera dama en Caracas, tras meses de labores de inteligencia y seguimiento. La fiscal general de Estados Unidos, Pam Bondi, confirmó que la pareja fue imputada formalmente por conspiración para importar cocaína, conspiración narcoterrorista y otros delitos federales que, de ser probados, podrían derivar en condenas históricas.

Aunque Nicolás Maduro ya enfrentaba cargos desde 2020 por presuntos vínculos con redes del narcotráfico, esta nueva acusación amplía el expediente judicial y suma por primera vez a Cilia Flores, una figura clave del poder venezolano. De acuerdo con la Fiscalía, ambos habrían participado en una estructura criminal que facilitó el envío de toneladas de cocaína hacia territorio estadounidense, en alianza con carteles internacionales y grupos armados irregulares de la región.

Entre los señalados en el proceso también figuran altos funcionarios del régimen, como el ministro del Interior, Diosdado Cabello, considerado uno de los hombres más influyentes del chavismo. La acusación sostiene que esta red operaba con protección institucional, utilizando recursos del Estado venezolano para garantizar rutas aéreas, marítimas y terrestres del narcotráfico, así como para brindar seguridad a los cargamentos.

Uno de los ejes centrales del caso es el llamado Cartel de los Soles, una organización que, según Estados Unidos, estaría integrada por altos mandos militares venezolanos desde la década de los noventa. El nombre hace referencia a las insignias que portan los generales y, de acuerdo con la DEA, el grupo habría evolucionado hasta convertirse en una estructura transnacional dedicada al tráfico de drogas y al lavado de activos. Washington sostiene que Maduro sería el máximo jefe de esta organización, acusación que ha sido reiteradamente negada por el gobierno venezolano.

La fiscal Bondi afirmó que los delitos imputados incluyen, además, posesión de armas de guerra y dispositivos destructivos, lo que agrava el panorama judicial de los detenidos. “Pronto enfrentarán toda la fuerza de la justicia estadounidense, en suelo estadounidense y ante tribunales estadounidenses”, declaró la funcionaria, subrayando que se trata de una respuesta directa a lo que calificó como una amenaza a la seguridad nacional de Estados Unidos.

El traslado de Maduro y Flores se estaría realizando a bordo de un buque militar, desde donde serían llevados posteriormente a Nueva York para su comparecencia judicial. Este hecho, sin precedentes en la historia reciente de América Latina, ha generado reacciones encontradas a nivel internacional: mientras algunos sectores celebran la captura como un golpe contra el narcotráfico, otros advierten sobre el riesgo de una escalada geopolítica y un precedente de intervención extranjera.

Cabe recordar que, en agosto pasado, el Departamento de Justicia y el Departamento de Estado de Estados Unidos habían elevado a 50 millones de dólares la recompensa por información que condujera a la captura de Nicolás Maduro y de Diosdado Cabello. Esa cifra reflejaba la prioridad que Washington otorgaba al caso y anticipaba un endurecimiento de su estrategia frente al régimen venezolano.

Para Venezuela, el impacto es profundo. La detención de su jefe de Estado y de la primera dama no solo deja un vacío de poder inmediato, sino que también abre un periodo de incertidumbre política, económica y social. Para la región, el mensaje es contundente: Estados Unidos está dispuesto a llevar su confrontación con el chavismo hasta las últimas consecuencias judiciales y militares.

Mientras se esperan más detalles sobre el proceso y las pruebas que presentará la Fiscalía, el mundo observa con atención un juicio que podría redefinir el mapa político de América Latina y sentar un precedente histórico sobre la persecución internacional de mandatarios acusados de delitos transnacionales.

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